StartupLabs no entrega plata: entrega laboratorio. Es el vacío que ningún aporte no reembolsable puede llenar.
Setenta postulaciones para treinta cupos, y un director que dice que sobra espacio. Una “red nacional” con un nodo operando es un plan nacional.
StartupLabs es la red nacional de espacios físicos y digitales que Corfo creó para startups de base científico-tecnológica. Su primer nodo, startuplab.01, lo ejecuta Fundación Chile en Territoria Santa Lucía —el proyecto de uso mixto que remodeló la antigua Torre de Enel— y ya opera con 17 startups de Chile, México y Estados Unidos en biotecnología, materiales avanzados, robótica y tecnologías climáticas.
En abril abrió una segunda convocatoria bajo modelo de ventanilla abierta, con más de 70 postulaciones acumuladas, y su director apunta a sumar unas 30 startups este año. Valparaíso y Los Lagos todavía afinan su puesta en marcha.
El instrumento no es plata: es un laboratorio
Vale detenerse en esto, porque es una categoría distinta a todo lo que hemos cubierto en este sitio.
Hasta acá los instrumentos chilenos que hemos revisado entregan dinero en distintas formas: aporte no reembolsable, garantía sobre un crédito, participación, financiamiento de un piloto. StartupLabs entrega metros cuadrados equipados.
La diferencia importa mucho más de lo que parece, y se ve al mirar los sectores del nodo: biotecnología, materiales avanzados, robótica.
Una startup de software necesita wifi. Una de materiales avanzados necesita campana de extracción, mesones, instrumentos, manejo de residuos y permisos. Un laboratorio es la barrera de entrada más cara que enfrenta una empresa científica temprana, y es exactamente lo que no se puede comprar con los montos que reparten los instrumentos de dinero: los cerca de US$140 mil de Startup Ciencia se van completos en un equipo mediano, y sin espacio donde ponerlo no sirven.
Dicho de otro modo: StartupLabs cubre un vacío que los programas de subvención no pueden cubrir por diseño, por mucho que aumenten el monto.
Setenta postulaciones para treinta cupos
La proporción llama la atención por lo distinta que es del resto del sistema.
La generación BIG 12 de Start-Up Chile seleccionó 59 de 1.296 postulaciones —un 4,6%. Acá hay unas 70 postulaciones acumuladas para un objetivo cercano a 30 startups: algo así como dos por cupo.
La explicación no es que el programa sea menos exigente, sino que la oferta es más angosta. Un aporte no dilutivo se puede recibir desde cualquier parte del país sin cambiar nada. Un laboratorio en Santiago exige mudarse, o al menos operar ahí. Eso reduce el universo de postulantes a empresas cuyo trabajo requiere de verdad ese espacio y que además pueden trasladarse.
Es un filtro geográfico antes que un filtro de calidad, y conviene tenerlo presente antes de comparar tasas de aceptación entre programas que no compiten por lo mismo.
El propio director aporta el dato más honesto del asunto: sostiene que las metas actuales están subestimadas para el espacio disponible. Es decir, sobra capacidad. En un país donde el discurso habitual es que faltan recursos, encontrar un instrumento con más lugar que demanda es un dato que merece explicarse en vez de celebrarse o esconderse.
La red nacional todavía no es nacional
Santiago opera en régimen; Valparaíso y Los Lagos afinan su puesta en marcha.
Es el mismo patrón que hemos ido encontrando en cada instrumento regional que miramos: Antofagasta con presupuesto propio y programas sectoriales, Arica con una convocatoria de unos pocos proyectos, Magallanes con un programa de etapa temprana. La capacidad se instala primero donde ya hay masa crítica, y las regiones llegan después.
No es una crítica al diseño —hay que partir por alguna parte, y partir por Santiago maximiza la probabilidad de que el primer nodo funcione— pero sí una advertencia sobre cómo se anuncia. Una "red nacional" con un nodo operando y dos en preparación es un plan nacional, no una red.
Espacio público en un edificio privado
El nodo está en Territoria Santa Lucía, un proyecto inmobiliario de uso mixto con oficinas, mercado gastronómico y áreas verdes.
Es un modelo razonable y bastante usado: el programa público arrienda o se ancla en un desarrollo privado en vez de construir. Sale más barato, se instala más rápido y aprovecha una ubicación céntrica que el Estado difícilmente conseguiría por su cuenta.
También conviene decirlo con precisión: el espacio de innovación pública es espacio arrendado en un proyecto comercial, con lo que eso implica sobre permanencia y sobre quién captura la plusvalía si el nodo funciona y el barrio se vuelve atractivo.
Fuentes
Las cifras de este artículo provienen de los siguientes reportes. Los cálculos y las inferencias son nuestros y están señalados como tales en el texto.